Bernie Sanders: un Quijote en tierra de oligarcas

Acabo de leer la entrevista al senador independiente estadounidense, Bernie Sanders, en el diario El País de Madrid. Ya antes quería decir algo respecto a sus últimas afirmaciones, pero ahora sí estoy en condiciones de hacerlo.
Análisis&Opinión08 de febrero de 2026Mauricio Ochoa UriosteMauricio Ochoa Urioste
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Bernie Sanders Foto: Pixabay.

En el contexto internacional, el MAGA (Make America Great Again), no solamente es una falacia en términos geopolíticos. Resulta inadmisible, pues es por todos conocido que los Estados Unidos – pese a ser una gran potencia mundial – no tiene una supremacía legal en el terreno del derecho internacional público. En efecto, si nos atenemos a la Carta de las Naciones Unidas y otros instrumentos internacionales, ser estadounidense equivale tanto a ser somalí o congolés. El MAGA, por lo tanto, más que una insinuación de altivez, es una forma de decir al público espectador: “aquí estamos los oligarcas del mundo”.

La crítica a la oligarquía, que en su raíz es el “gobierno de pocos”, ha encontrado en Bernie Sanders una figura de talla mundial. No porque Sanders, sea tan sólo estadounidense; sino porque sus declaraciones chocan frontalmente contra lo que él afirma – con bastante escrutinio – es la política y las canibalescas costumbres del Presidente más peligroso de la historia de los Estados Unidos. Un Presidente, y valga la redundancia, que ha prometido “mano dura” contra América Latina bajo el corolario de la Doctrina Monroe, y que ha tenido la osadía, por decir lo menos, de lanzar bombas a Irán, socavar el derecho internacional en Gaza (que es ya de por sí, la tumba de miles de víctimas de un genocidio israelí reconocido por la ONU y la Corte Penal Internacional), secuestrar a un dictadorzuelo venezolano pasando por alto la ley internacional, mandar a sus “sabuesos del ICE” para arrestar, intimidar, lo que ha resultado en la patética muerte de inocentes, deportados, y arrestados.

652234-news-1172463_1280Las portadas del mundo hoy, 8 de febrero de 2026

Ya desde la absurda idea de convertir al Golfo de México en otra cosa, Donald Trump, se ha visto envuelto en asuntos del más bajo calado: inmiscuirse en la justicia, las universidades, y para colmo, abanderar la historia de impunidad más escandalosa de la historia de los Estados Unidos. Ni qué se diga de la investigación del delincuente Epstein.

Sanders, por ello, abandera la posición de la verdadera nación americana. Estados Unidos será grande otra vez, si respeta el orden interno e internacional, investiga y aclara – como pretende hacerlo el senador de Vermont – el impacto y la finalidad de las empresas de IA en el mundo, entre muchas otras cosas. Y es que Donald Trumo ha redibujado el tablero de la geopolítica mundial, con la osadía de aplicar mayores aranceles a aquéllos socios comerciales que no le extiendan su “bendita mano”. Una mano, claro está, oligarca y autoritaria, que sólo tendrá freno por medio de la resistencia masiva en el mundo.

Pero el problema no es casual, ni Trump está del todo loco. Él es un apostador y agente inmobiliario, que quiere adueñarse junto a poderosos del planeta, de una buena parte del mundo. Nada más cínico y explícito de todo esto, fue su insinuación de convertir a Gaza en una burbuja de edificios, playas, e instalaciones para los ricos; mientras más de un millón de gazatíes han tenido que huir de sus casas, en medio del hambre, la enfermedad, y en no pocos casos la muerte.

Lo que trata, en definitiva Sanders, no es un asunto de izquierdas o derechas, pese a que es bien sabido de que el vicepresidente Vance ha lanzado crudos ataques contra las democracias occidentales – principalmente, las europeas – a partir de sendos apoyos a partidos y actores políticos de extrema derecha en Europa. Se trata, como diría Sanders, entrevistado por Iker Seisdedos, de resistir contra la oligarquía de los Estados Unidos, y por otra parte, devolver el Estado de Derecho, precisamente a la democracia más antigua del mundo.

Bernie Sanders no está solo, y su voz hace eco con fuerza. El caso de Mamdani de Nueva York, es otro hálito de esperanza. Esperanza que remueve conciencias, ya no sólo en Estados Unidos, sino en América Latina y el resto del mundo.

Trump es capaz de todo, pero no de acallar a las voces de políticos y figuras notables que no le secundan en su absurdo “Play Station”. Y es que en un mundo multipolar, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, ha tenido una respuesta asiática contundente cuando el gigante pronunció con firmeza y valentía que está preparado para “todo tipo de guerras”. Guerras que no queremos, claro está. 

El pronunciamiento chino fue, y esto fue lo mejor, una “vuelta a callar el pico”, a la voz que con mucha probabilidad es la más prepotente, despiadada y rotundamente inhumana del siglo XXI. Pese a que marco diferencias personales con el régimen chino, es evidente que la resistencia pasa ahora a un contexto ya no de un Quijote sino de millones de otros “caballeros valientes”.

Sanders, el Quijote estadounidense, no está sólo. Y para Trump, para decirlo en términos anglosajones, el tiempo va llegando a un final, porque todos queremos saber que algún momento en la vida “the game is over”.

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